lunes , 18 diciembre 2017
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EXTREMADURA EN OTOÑO, SIERRA DE GATA

     Extremadura en otoño, Sierra de Gata te invita a disfrutar de su patrimonio histórico, natural y gastronómico individualmente o participando en las cincuenta actividades preparadas para ayudarte a descubrirlos. Puedes pasear tranquilamente por sus bosques y gargantas gracias a la magnífica red de senderos señalizados que puedes descargarte en la web de Adisgata. Y puedes participar en los numerosos eventos organizados para octubre y noviembre (rutas guiadas, ferias de la tapa, búsquedas de oro, avistamiento de aves…) que puedes consultar en la web elotoño.com.

     El entorno natural de la Sierra de Gata está dominado por las sierras que la separan de la vecina provincia de Salamanca y los amplios valles que se abren entre sus cumbres. Estas sierras hacen que el verano en Sierra de Gata sea muy agradable, con un clima entre continental y atlántico. También favorecen las abundantes lluvias que llenan sus gargantas y la dotan de tupidas masas forestales de robles, castaños, pinos, encinas, alcornoques, incluso podemos encontrar en las cabeceras de los valles magníficos ejemplos de bosque autóctono: abedul ibérico, acebo, enebro, encina rupícola y roble melojo.

     Una de las actividades estrella del otoño en Sierra de Gata es el avistamiento de la colonia más numerosa de aves en la sierra, la de las grullas que durante cinco meses habitan en la isla del Pantano del Borbollón. Unas 7.000 aves comparten hábitat con patos, gansos, gaviotas y cormoranes, en esta Zona de Especial Protección de Aves (ZEPA) de Santibáñez el Alto.

     Para disfrutar de este patrimonio, la Sierra de Gata dispone de una extensa red de senderos señalizados que permiten diseñar las rutas que mejor se adapten a nuestros gustos y posibilidades. El eje de esta red de senderos es el Sendero de Gran Recorrido (GR 10), que con una dirección dominante E-O parte desde la provincia de Madrid (San Martín de Valdeiglesias) y llega hasta Termas de Monfortihno (Portugal). La última parte de su recorrido transcurre por la Sierra de Gata, recorriendo en 14 etapas 100 kilómetros entre las Hurdes y la frontera portuguesa. Conectados con este sendero, existen 8 Senderos de Pequeños Recorrido (PR-CC 181 a 188) y 12 Senderos Locales (SL-CC 201 a 212) que nos permiten acceder a todos los pueblos recorriendo los parajes más atractivos por caminos, calzadas, cordeles y cañadas. Puedes descargar toda la información sobre estos senderos en la web de Adisgata.

     Gracias a esta tupida red de senderos, en otoño podemos disfrutar más cómodamente de su patrimonio natural. Podemos subir con menos esfuerzo a las cumbres que nos permiten admirar desde lo alto los diferentes colores de sus bosques en otoño: Jálama (1.492 m), Jañona (1.367 m), Las Mezas (1.265 m), La Nave (1.279 m), Bolla Grande (1.519 m). Y, aunque ya no nos podamos bañar en sus numerosas piscinas naturales, podremos disfrutar paseando bajo los sauces, alisos, fresnos y chopos que pueblan los valles de sus ríos: Xálima, Acebo, Gata, Árrago, Tralgas.

     Por estos senderos podremos llegar a los veinte pueblos que componen la comarca. Pueblos que conservan como hace siglos sus calles, casas, palacios e iglesias,  siendo reconocidos cinco de ellos como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico Artístico:

Gata,  villa ilustre en la que destacan dos palacios, la iglesia, dos ermitas, el monasterio franciscano de Nuestra Señora de Monteceli y la célebre Fuente del Chorro, adornada con el escudo de los Reyes Católicos y con el toisón del emperador Carlos I.

Hoyos, con sus calles flanqueadas por grandes casonas de tres plantas con imponentes fachadas de sillería y amplios portalones. La mayoría son edificaciones del siglo XVI y entre ellas hay que destacar la Casa del Deán y la iglesia de Nª. Sra. Del Buen Varón.

Robledillo de Gata se distingue por la excelente conservación de sus casas de adobe y madera y de sus calles estrechas, casi tapadas por balconadas y pasadizos, saturadas del olor de los vinos de pitarra de sus bodegas tradicionales. Destacan también algunas construcciones de los siglos XV y XVI, como el Hospital-Enfermería Franciscano, la iglesia de Nª Sª de la Asunción y las ermitas del Manso Cordero y del Humilladero.

San Martín de Trevejo, es famoso también por sus vinos, incluso se le llegó a denominar San Martín de los Vinos. Además de visitar alguna de sus tradicionales bodegas, podemos admirar su plaza porticada, el Palacio del Comendador y la iglesia de San Martín de Tours.

Trevejo, pequeño conjunto de viviendas antiguas muy bien conservadas, construidas a base de mampostería granítica y reforzada con sillarejo en los ángulos. La aldea es famosa por su castillo de origen árabe, reconstruido en el siglo XV y volado en su mayor parte por los franceses en la Guerra de la Independencia. Los restos que aún se mantienen en pie y las espectaculares vistas hacen imprescindible su visita.

     A estos conjuntos hay que añadir las iglesias de Acebo, Gata, Hoyos y San Martín de Trevejo declaradas Monumentos Histórico Artísticos. Y no hay que olvidar el enorme valor como patrimonio cultural del dialecto “A fala”, que aún hoy se habla en los pueblos del Valle del Xálima y que ha sido reconocido como Bien de Interés Cultural.

     Para poder apreciar todos los recursos de la Sierra de Gata, podemos hacer dos rutas, una por la parte occidental de la comarca y otra por la oriental. Se pueden dedicar varios días a cada ruta, pero si disponemos de poco tiempo, debemos dedicarles al menos dos días, con la seguridad de que sus encantos nos harán volver para disfrutarlas con más tiempo. Encontraremos más información en nuestros anteriores artículos Ruta por la sierra de Gata Occidental y Ruta por la Sierra de Gata Oriental.

No podemos marcharnos de Sierra de Gata sin probar sus platos tradicionales en alguno de sus numerosos restaurantes y sin llevarnos muestras de sus productos típicos para compartirlos cuando regresemos. Nos va a encantar el aceite, de cuyas cualidades podemos informarnos en la web del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Gata-Hurdes. Y, si lo hemos probado en nuestra visita, seguro que no se nos olvida llevarnos algunas botellas de vino, tanto de tintos (jóvenes, de color granate, aromas florales, con paso de boca delicado y cálido en el posgusto) como de blancos (afrutados y agradables, que ya en los siglos XIV y XV eran sobradamente conocidos y alabados por Felipe II, Carlos I y mencionados por Miguel de Cervantes en el Licenciado Vidrieras).

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